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Otra conversación con el economista


 

Otra conversación con el economista

 

 
Por  Eduardo Correa

 
         En la tercera conversación con mi amigo el economista sobre el anunciado aumento de la gasolina, quise que tocáramos un poco lo concerniente a la historia del subsidio y algunas de sus características. Después del saludo habitual, soltó: ¿Cuántas conversaciones llevamos? Le respondí que apenas un par de ellas y agregué, a modo de broma, que el tema estaba tan crudo como el petróleo mismo, y con su proverbial buen humor asomó que sobre eso del subsidio y de su historia, era mucho el venezolano de a pie y montado que no tenía conocimientos suficientes. Es lo que temo, dijo. Y puso otro ejemplo: “Igualmente creo que son muy pocos los hijos de Bolívar que saben cuantos litros de petróleo tienen un barril. Todo el mundo escucha o lee que el barril de crudo cuesta tanto, que bajó o subió, pero hasta ahí”. Y mirándome fijamente preguntó: “¿Tú sabes cuantos litros tiene un barril de petróleo?” –“Bueno, dije, hace tiempo leí que tenía 159, pero como aquí lo cambian todo cada vez”. El se echó a reír asintiendo lo de la cifra y agregando que eso respondía a un convenio internacional de larga data con origen entre gringos y británicos.
 
       Mi amigo enfocó luego el tema propuesto y empezó diciendo que “en el año 1945 hubo un Gobierno provisional que presidió Betancourt y este procedió a bajar el precio de la gasolina y otros derivados del petróleo, al sostener que era ridículo que Venezuela, siendo el primer país exportador de crudo en el mundo, tuviera los precios más altos de los combustibles. Es decir, a precios internacionales, y los redujo por decreto, pero fueron discriminados por ciudades. Por  ejemplo, para Caracas y poblaciones de la línea del Gran Ferrocarril de Caracas hasta Puerto Cabello el litro pasó de 0,20 bolívares a 0,10 bolívares; en Barquisimeto de 0,24 bolívares a 0,14 bolívares por litro; en Maracaibo pasó de 0,18 bolívares a 0,08 bolívares; en San Cristóbal de 0,26 bolívares a 0,16 bolívares, fueron algunos casos. Y a partir de allí se instauró el famoso subsidio. Y todos los Gobiernos lo han mantenido por debajo de los precios foráneos y ya llevamos cerca de 70 años con combustibles baratos o subsidiados”. Interrumpí al economista para inquirir: “¿Puede argumentarse entonces que a partir de ahí comenzó el despilfarro de la gasolina debido a sus bajos precios?” -“Sí, puede decirse, pero es necesario advertirte lo siguiente: Ha habido despilfarro, pero también el país se ha aprovechado porque ha venido creciendo y desarrollándose en muchos campos, usando el combustible y sus derivados como variable económica beneficiosa por su valor altamente accesible. Y es que  otros jefes de Estado han querido revertirlo. Luis Herrera con su “viernes negro” subió el precio, Lusinchi también.  Caldera igual lo hizo. Carlos Andrés lo aplicó junto a otras medidas y el país le explotó, ¿recuerdas?”. Un tanto pensativo, aseveré: “Claro, hermano, cómo olvidar aquellos días terribles del Caracazo”. Mi amigo siguió apuntando que Chávez siempre lo tuvo en mente persuadido de la pérdida que esto ocasionaba al fisco, porque a partir del año 2005 el asunto se tornó más grave y Pdvesa, y la nación con ella, comenzaron a restar en sus cuentas: El precio de venta comenzó a estar muy por debajo del costo de producción. 
 
     Mi amigo me miró y se tocó su estómago al momento que me decía: “Sabes, debo echarle “combustible” a mi organismo, fíjate la hora que es, pero tranquilo, aún queda mucho por dialogar. No podemos decir Colorín, colorado, porque este cuento todavía no ha acabado”. Y se marchó. Al verlo alejarse me llegó a la mente lo de Luis Herrera “y su país hipotecado”, Lusinchi “y su botija vacía”, Caldera y Teodoro “con sus equilibrios macro económicos”  y Carlos Andrés Pérez “con su Caracazo”. ¿Qué vendrá ahora?

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