Carta a mi Gringo querido:
Querido Gringo:
Y fueron pasando los días, los meses y los
años...y tu corriendo para allá y para acá, sin cesar, y agarrando las cosas y
tumbando también...y cuando ibas a las tiendas siempre querías un carrito...un
awguil...y si te decían que no ¡a llorar se ha dicho! Y formabas un
zaperoco...hasta que escuchabas: "Esta bien, compremos el carro al
muchachito ese para que se quede tranquilo"... Y ahí si dejabas de llorar
de inmediato y te brillaban los ojitos... Al tiempo tenías tremenda colección
regada por todas partes, y te decían: “Muchacho recoge esos carros o te los voy
a botar". Después los tenías acomodados y guardados en sus cajas. Como
debe ser. Si hubieses recogido las lágrimas que derramabas por los carritos
esos llenabas algunos litros, Gringo. Y son tantas las cosas tuyas, las que
hiciste, que jamás cabrían en una carta tan pequeña como esta. Fueron muchas las
veces que yo te visitaba en Barquisimeto junto a Mirian, María del Mar y
Jormito e íbamos al centro comercial Éxito, ¿te acuerdas? Después al
Bicentenario o Babilon o al Sambil...y comíamos, bebíamos, gritábamos...y tú no
desperdiciabas tiempo para decir: "Abuelo, quiero comer helado" y yo
te decía: "Si, está bien, en un rato comemos"... Y te guindabas a
gritar "No, yo quiero orita" y Gorrin se te quedaba viendo fijamente.
. . y yo le decía: “Tranquila, hija, que ya lo vamos a complacer. Y cuando nos
regresábamos para Acarigua yo acostumbraba darte a ti y a Del Rio unos
billeticos para la merienda. Cuando te daba lo tuyo lo tomabas sin ganas
y refunfuñando: "Que va a alegrar eso", refiriéndote a la
cantidad que considerabas poca. Pero lo hacías pocas veces porque casi siempre
te gustaba la cantidad y se alegraban tus ojitos.
Y debo decirte que tú eres un niño con el
privilegio de tener una hermanita la hermosa y gentil María del Rio, siempre
junto, compartiendo y jugando. Algunas veces se peleaban, pero mamá Gorrin
intercedía y los aplacaba. Que cosas, ¿verdad? Pero ya estás crecidito y tu
comportamiento mejora cada vez más y eso alegra a mami, a tu abuela y a todos
nosotros. Y a medida que vayas creciendo iras cambiando y llegarás a ser un
modelo de muchacho y luego un hombrecito de bien, estudioso y aplicado, ¿no es
cierto? Y después vendrá lo mejor y será como una partida de fútbol, tu juegas
de delantero por la banda derecha, corres, y un compañero te pasa el balón y tú
lo tomas y avanzas al arco, enfrentas al portero, chutas y...
gol...gol...gol...levantas los brazos y todos corren a abrazarte cual Messi de
la historia...!Y tú meterás el gol de tu vida!, y saldrás victorioso en tus
estudios y te convertirás en un hombre justo...¿Estamos de acuerdo?
Y hasta aquí esta carta, Gringo, luego te
escribo otra...aunque ya la escribí en mi corazón con letras de amor, ese amor
que siento y siempre sentiré por ti... ¡No me olvides!, así como yo no te
olvidaré jamás y nunca... ah, y de lo último que me constaste fue de un sueño
tuyo que tuviste y donde jugabas futbol como integrante de ese de tu equipo el
Barcelona, de Messi,…y te viste haciendo un ¡golazo de chilenas!. . . ¡nada más
y nada menos!, gringuito. Y ahora si de ultimito ultimito…un día reciente nos
diste una gran alegría al visitarnos en Acarigua, y hablamos mucho, de todo un
poco, yo te pregunté por tu teléfono al notar que no lo cargabas y me dijiste
que se te quedó olvidado en Barquisimeto…”Abuelo, me di cuenta que no tenía,
pero ya habíamos salido y le pedí a mi abuela que volviera y dijo que no . . .
y ahí te atajé y te dije que yo sabía lo que había dicho y la forma cuando le
pediste que regresara: “Ah no, yo no me voy a estar regresando a buscar ningún
teléfono”…Te reíste viéndome al momento que me decías: “Na guará, abuelo, tú si
conoces a mi abuela…así mismo me dijo, así mismo, y nos reíamos. Bueno, Gringo,
te quiero un montón!...y el montón es tan grande como millones de balones de
futbol juntos. . . y de todos los colores… jejeje
Tu abuelo, Eduardo Rafael
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