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"Me mata cuando tú me miras . . .


"Me mata cuando tú me miras como si nada y yo te miro como si todo"




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Las cosas que me dijo Jorge Guerrero

Las cosas que me dijo Jorge Guerrero Por   Eduardo Correa        Una noche nos vimos en Barquisimeto y fue   en casa de unos amigos   admiradores del trovador apureño que cortésmente nos permitieron tenerlo al alcance,   dado que Guerrero, hoy por hoy, no es   fácil acercársele y entablar una conversación con él y la más de las veces ni un saludo directo ni mucho menos un apretón de manos. Y valga decirlo, no es porque el intérprete del sabroso joropo, “Remembranzas del Guerrero,” así lo quiera, sino porque es humanamente comprensible que se pueda atender y relacionarse con una multitud, que no más al verle, se le va encima. Es más, le cuesta mucho subir a la tarima, y bajar de ella, debido a la aglomeración que cada vez, en sus presentaciones, le aborda. Y   sus propios custodios, quienes tratan de dirigirlo y permitirle avanzar, lo consiguen a duras penas. Porque, no es solo al cantor, es también a la persona, a su forma de ser, a su humildad y a su carisma desbordan

SIMÓN BOLÍVAR Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

"El derecho de expresar sus pensamientos y opiniones de palabra, por escrito, o de cualquier otro modo, es el primero y más inestimable don de la naturaleza. Ni aún la ley misma podrá jamás prohibirlo, y sólo podrá señalarle justos términos, haciendo responsable de sus palabras y escritos, y aplicando penas proporcionales a los que lo ejercen licencionamente en perjuicio de la tranquilidad pública, de la vida, honor, estimación y propiedad de cualquier ciudadano". (15.2.1819)

Una boda en el corazón del llano

Una boda en el corazón del llano                                 En memoria del Greco        Por Eduardo Correa       Era un día sábado, pero no recuerdo con exactitud la fecha y los años, aunque estimo que distan unos cinco lustros de algo que quiero contar. Ese día hice un viaje desde Acarigua, en el estado Portuguesa, a Valle de la Pascua, mi tierra natal. Era uno de esos tantos viajes que emprendía con cierta regularidad y que tenía como norte visitar a mi madre María Josefa, en su residencia habitual. Después de unas cinco horas de carretera ya estaba “aterrizando” en mi querido barrio Guamachal   y, como siempre sucede en el llano, al no más llegar salieron todos a recibirme con mi madre de primerita y con una   brillante y espontanea sonrisa que me “aflojó” el corazón rapidito y aumentó mucho más en cuanto nos abrazamos. Al ratito, y poco después de los saludos y abrazos de rigor, mi hermano Gregorio me dijo: “Que bueno que llegaste, pelón, porque tenemos una fie