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La herencia de mi padre


La herencia de mi padre

Por Eduardo Correa

¿Les digo mi profesión
y a qué dedico mi tiempo?
lo diré en un momento
préstenme mucha atención.

Mi padre fue un varón
y Simón era su nombre
y me graduó de hombre
con chaparro y mandador,
me daba clases de amor,
de ternura y amistad
y me enseñó la bondad,
el cariño y el honor.

Trabajé de sol a sol
mi escuela fue la sabana
de noche y de madrugada
sin horario y con tesón,
después de cada lección
un árbol me cobijaba
y un colibrí celebraba
chupando de flor en flor.


Paraulata y ruiseñor
adornaban el descanso
y un río sabroso y manso
apaciguaba el calor.

Volvía a la lección
con tarea para rato
con peinilla y garabato
y el monte de pizarrón,
con lápiz de corazón
sacaba todas las cuentas
sumando metros de cerca
y arreglando el botalón.




Sembraba arroz y frijol
en invierno y en verano,
a veces criando marranos
gallina, pollo y lechón.

Recesos de pescador
en el río y la laguna
buscando mejor fortuna
con guabina o con pavón,
mi compañero fue el sol
y la tierra mi fortuna,
hermosas noches de luna
me llenaban de ilusión.

Mi padre fue el profesor
en la escuela de la vida
y pido a Dios lo bendiga
por darme su protección.

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